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Los padres ayudan a los niños a manejar emociones intensas


Cuando su hija de un año empezó a llorar a gritos en una tienda y se tiró al suelo, “al principio me dio vergüenza”, recuerda la mamá de Los Ángeles Nancy DeLeon Meeker. “Luego me dí cuenta de que la prioridad era el bienestar de mi hija. En lugar de enojarme con ella porque yo me sentía avergonzada me senté en el suelo con ella y le mostré mi apoyo diciendo: ‘Sé que esto es muy  duro. Estás frustrada y te quieres ir’”.

Padres y educadores comparten estrategias para mantener la conexión con los niños que luchan contras sus emociones intensas y ayudarles a aprender cómo manejarlas.

Cambie su propia percepción

Una crisis emocional es la forma en la que los niños dicen: “‘¡Estoy agobiado! Tengo que dejar salir un poco lo que siento antes de poder lidiar con la situación’”, dice Patricia Wipfler, madre y directora de Hand in Hand (Mano a Mano) en Palo Alto. Cuando nos damos cuenta de que las crisis emocionales son normales, agrega, es más fácil ayudar a los niños a través de la experiencia; “lo único que hace falta es que el padre [o madre] esté cerca y sea amable con él hasta que el niño esté preparado para hacer otra cosa”.

El término “rabieta” implica que un niño está portándose mal deliberadamente, añade Marguerite Wright, madre de cuatro niños y psicóloga del Hospital de Niños de Oakland. Cambiar nuestro lenguaje nos permite ver estas experiencias como “ataques de pánico”, cuando un niño no conoce otra forma de manejar lo que siente, añade.

La familia de Meeker es de Guatemala y dice que la cultura en la que se crió veía los berrinches como una falta de respeto, lo cual costaba al niño unos cuantos chirlos (castigo corporal). “[Pegarme chirlos] era todo lo que mi padre sabía hacer; esa es la razón por la cual tomé clases para la crianza de los niños, para aprender otra cosa”.

“Permanecer unida [a mi hija cuando sufre emociones intensas] me ayuda a comprender mejor a mi niña”, añade Meeker. “Y a los tres años [mi hija] pide más espacio en lugar de expresarse con un empujón. Ella puede decirnos lo que le está pasando y eso nos da la oportunidad de apoyarla y quizá incluso de ayudarla. ¡Muchos [adultos] tienen problemas para hacer eso! Este proceso lleva más tiempo, pero vale la pena”.

Conecte con su niño escuchándole

Cuando el marido de Meeker estuvo fuera por unos días su hija “señalaba la puerta y se veía triste”, recuerda Meeker. “Le pedí que emplease sus palabras y dijo: ‘Echo de menos a papá’. Y yo le dije: ‘Sé que es duro; estas pensando en papá y lo echas de menos’. Lloró durante 45 minutos. [Luego] le dije: ‘No pasa nada si estás triste; [está bien]. Papá siempre regresa’. Ella insistía: ‘Sí, estoy triste’. La animé a que respirara hondo y eso pareció ayudarle.

“Después de que se calmase sola”, añade Meeker, “sacamos un mapa, le enseñé dónde estaba su papá y le describí lo que estaba haciendo. [También] miramos fotos suyas. Hubiera sido más fácil decirle ‘bueno, ya se te pasará y papá regresará’. Pero siento que estamos haciendo una buena tarea porque ella puede decirnos lo que le pasa”.

Las crisis emocionales pueden ser una estrategia para expresar necesidades no satisfechas, añade Nancy Kahn, madre de dos niños y formadora en Bay Area Nonviolent Communication (Comunicación No Violenta del Área de la Bahía de San Francisco).

“Quiero entender las necesidades de mis hijos”, dice Kahn, “y eso requiere que escuche lo que dicen o lo que dice su lenguaje corporal: ¿Quieres ser tu quién mande? ¿Estás enojado y quieres jugar más?” También puede ser que los niños tengan hambre o estén cansados.

Poner límites y mantenerlos

“Cuando un niño quiere algo, los padres dicen no, y luego el niño llora y grita durante diez minutos y los padres se lo dan, el niño aprende que llorar y gritar son métodos efectivos para conseguir lo que quieren”, dice Nancy Lim Yee, directora de programa en el Centro de Desarrollo Infantil de Chinatown en San Francisco.

Susan Goldberg se enfrenta a ese desafío cuando sus hijos quieren comer los dulces de Halloween en el desayuno. “Cuando he sido clara con el límite, los sentimientos [de rechazo] de mi niño se acrecientan”, dice Goldberg, educadora de padres para el Center for Nonviolent Education and Parenting (Centro para la No Violencia y la Formación de Padres). “Yo le digo: ‘Tú quieres mucho esos dulces y te frustra que no puedas comerlos’. El rechazo se le pasa y él aprende que puede superar las dificultades”.

A veces los niños que se sienten frustrados agarran [a otros], golpean o muerden. Más que exigir que el niño pare, sugiere Wipfler, los adultos pueden usar su cuerpo de modo tal que con delicadeza, pero a la vez con firmeza, se ponga término al [mal] comportamiento. Los padres pueden decir: “Nosotros no les pegamos a las personas porque eso hace daño, pero podemos pegarle a una almohada”. Los niños también pueden tirar de una toalla o de un animal de peluche, o romper papeles que ya no sirven cuando estén enojados.

“Reparar lo que sucedió” cuando usted pierda los estribos

“Si los padres están muy cansados es más difícil estar disponible”, dice Percy Vázquez, madre de dos niños y propietaria de la cooperativa de cuidado infantil The Peace School (La Escuela de la Paz). Recuerda una noche en casa de una amiga cuando se enfadó y gritó a su hija. “Sonaya estaba cansada, su papá estaba en una reunión y ella lo echaba de menos. Estaba tratando de que se pusiera sus zapatos para irnos. Tuvo una gran explosión de emociones; veinte minutos de chillidos, llantos y patadas.

“Dije: ‘Necesito que pares’ y luego grité”, añade Váz-quez. “Paré [de gritar] y le dije: ‘Siento haber gritado; estaba muy enojada’. Cuando llegamos a casa habla-mos sobre toda la situación. Le dije: ‘Sé que estás echando de menos a papá y sé que es duro’. Intenté reparar lo que había sucedido y pensar qué es lo que hubiera podido hacer de otra manera”. Ver cómo sus padres manejan emociones intensas también ayuda a los niños a aprender a manejar las suyas.

Hablar con otros adultos

“Una vez varios padres estaban ayudando en la escuela de mi hija”, dice Vázquez, “pero ella me quería a mí para ella sola. Estaba llorando mucho. Yo le decía: ‘Es difícil que tu mamá esté ayudando a otras personas cuando tú quieres su atención’, pero vino la maestra y le dijo: ‘Sécate las lágrimas que los otros niños no lloran’”.

Vázquez habló después con su hija y le dijo que “de todos modos estaba bien que sintiera sus emociones”. También habló con la maestra; ella se había dado cuenta de que su hija estallaba por la noche después de tener que contener sus emociones todo el día en la escuela. A pesar de que la maestra al principio se mostró reticente, se volvió más receptiva hacia el final de la conversación, dice Vázquez.


Recursos

Hand in Hand Parenting ofrece clases para padres sobre la crianza de los niños y grupos de apoyo. El sitio web incluye artículos en inglés y español sobre qué es lo que los niños quieren y necesitan, cómo manejar problemas de jerarquía y cómo poner límites. 650-322- 5323, www.handinhandparenting.org

Centro para la Educación y la Crianza sin Violencia ofrece clases de formación parental sobre la crianza de niños y talleres en inglés y en español. 213-484-6676, www.cnvep.org

Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen.  Adele Faber y Elaine Mazlish, 2005.

Decoding the Tantrums (Descifrando las rabietas), un folleto en inglés publicado por Attachment Parenting de St. Louis discute los desencadenantes de las rabietas, cómo manejar una rabieta ofreciendo apoyo y formas de tratar con su propio enojo. En versión electrónica: http://apstlouis.zoomshare.com/
files/DecodingTantrums_0906a.pdf


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