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“Receta para el éxito en la vida”

Los niños desarrollan aptitudes sociales a través del juego


Traducción al castellano: Lucrecia Miranda 

Era un día como todos en el Chabot College Children’s Center (Centro de Niños de Chabot College) en Hayward. La maestra Sheela Nicholson estaba mirando a “Danny” y “Víctor” rodar bolas cuesta abajo en una rampa que habían construido en el área de bloques. Entonces Nicholson vió que Danny ponía mala cara: Víctor parecía estar haciendo turnos extra. “¿Qué haría Danny?” se preguntó Nicholson.

¡Danny se quejó! Víctor escuchó y sugirió: “Yo haré dos turnos y después tú haces otros dos”. Danny estuvo de acuerdo y los chicos reanudaron felizmente su juego. Nicholson se sintió satisfecha. Hace pocos meses Danny tal vez hubiera gritado o se hubiera llevado las bolas y Víctor podría haber ignorado a su amigo, pero ahora habían aprendido algunas aptitudes importantes.

“Si hubiera alguna receta para el éxito en la vida, ¿no querrías saber cuál es?” dice Jeanie Harmon, instructora en Santa Rosa Junior College. “Resulta que la receta para el éxito en todas las culturas es el desarrollo de aptitudes sociales”. Estudios recientes, por ejemplo, han mostrado que a los niños con buenas aptitudes sociales generalmente les va mejor en la escuela primaria. “Y una de las mejores maneras de desarrollar aptitudes sociales”, añade Harmon, “es a través del juego”.

Cuando niños como Danny y Víctor tienen tiempo para jugar juntos a juegos sin reglas concretas tienen la oportunidad de desarrollar aptitudes vitales muy complejas. Jugando juntos, dice Harmon, los niños aprenden a “identificar y expresar sus propias emociones, comprender las necesidades y emociones de los demás, negociar, dedicarse a solucionar problemas y compartir ideas”.

¿Qué pueden hacer los maestros para ayudar a los niños a desarrollar sus aptitudes sociales a través del juego?

Crear áreas para jugar en grupos pequeños

“Para que un maestro pueda ayudar a los niños a aprender habilidades sociales tienes que crear un entorno donde ellos puedan practicar esas habilidades y hacerlo bien”, dice Nicholson. Las áreas de actividades en su centro (rincones de la casa, área de bloques, rompecabezas, arte, ciencia, etc.) acomodan de cuatro a seis niños.

“La clave es [crear] grupos pequeños”, dice. Por ejemplo: “un niño de tres años puede tener paciencia si tiene que esperar uno o dos minutos para que llegue su turno”, pero es probable que no pueda esperar a que veinte niños vayan delante de él.

Kory Higgins, director de Rainbow River en Hawthorne, recomienda que los maestros “configuren áreas para grupos pequeños que animen a compartir y a la conversación”. En Rainbow River, por ejemplo, el popular centro de ciencias naturales incluye un milpiés, carpas de estanque, un hámster y una tortuga. Dice Higgins: “los niños se entusiasman con sus observaciones y se explican cosas unos a otros: ‘¡Mira! ¡Se está moviendo! ¡Se está abriendo!’. En el área de pasta de modelar y en la de bloques los niños hablan entre ellos sobre lo que están haciendo”.

Animar a resolver problemas de manera conjunta

En el Grossmont Child Development Center (Centro de Desarrollo Infantil Grossmont) de El Cajón la pelota de Jacob cayó en un agujero y se quedó atascada, así que él corrió a decírselo a la maestra Lesley Waltman. “Me pregunto cómo podremos sacar la pelota”, reflexionó ella en voz alta. Jacob sugirió hacerla asomar con un palo, pero eso no funcionó. Entonces Waltman dijo: “Recuerdo que la pelota de Colton se atascó ayer. Preguntémosle cómo la sacó”.

“En la clase”, dice Waltman, “la maestra da un paso atrás” para que los niños “puedan apelar a sus amigos para resolver las cosas”.

Ayudar a los niños a ponerle nombre a lo que sienten

Cuando “Nathan”, de dos años, vino al centro Grossmont, había sido identificado como un niño dentro del “espectro autista” con aptitudes sociales y de lenguaje muy bajas, dice la maestra Maura Mehrian. Nathan inmediatamente tuvo conflictos con otros niños. Por ejemplo, no sabía cómo entrar en un grupo; así, un día en el que quiso un carrito de la compra que otros niños estaban usando “simplemente vino, lo agarró y pasó a los otros niños por encima”.

Sin embargo, dice Mehrian, “el trabajo de una maestra es darles las herramientas y las palabras” para poder conducir sus relaciones. Ella empezó por ayudar a Nathan a ponerle nombre a sus propios sentimientos: “Oh, veo que de verdad quieres ese juguete”. 

Mehrian y Waltman también ayudan a los niños a “leer” las expresiones faciales y el lenguaje corporal de los demás niños. Cuando estalla un conflicto durante el juego Waltman comenta cosas como: “Veo que estás dando patadas en el suelo. Estás furioso. Veo que estás frustrado; tus mejillas están rojas y estás apretando las manos”.

Promover la empatía

Higgins dice que los conflictos con los juguetes dan la oportunidad de promover la empatía. Un día, Alissa, de cuatro años, quería la enorme pelota con la que estaba jugando Tony así que “¡simplemente la agarró!”. Higgins preguntó a Tony, delante de Alissa para que ella pudiera oírla: “¿Cómo te hizo sentir eso?” Entonces él le preguntó a Alissa: “¿Qué  pasa si yo te quito algo?” Alissa pensó y respondió: “Me hace enojar”.

Waltman también ayuda a los niños a prestar atención a los sentimientos de los demás: “Cuando gritaste a tu amigo realmente heriste sus sentimientos”. Cuando una niña de dos años en su clase aplasta alegremente un bicho, ella puede decir: “¡Oh no! ¡Me pregunto si él tiene una mamá!” para conseguir que la niña vea las cosas desde el punto de vista del bicho.

Enseñar a los niños a comunicarse directamente

Cuando Waltman oye: “¡Maestra! ¡Él me ha quitado mi juguete!”, lo primero que hace es respirar profundamente. Cuando se calma, puede utilizar esta oportunidad para dar a los niños “herramientas sobre cómo conseguir lo que quieres en el mundo real de forma amable”.

Un día estalló un jaleo en la mesa de pasta de modelar cuando un niño le quitó una herramienta a otro. Waltman le dijo al niño que había arrebatado la herramienta: “Mira a tu amigo”. El otro niño extendió la mano, diciendo: “Necesito que me la devuelvas”. Con el tiempo, dice Waltman, los niños aprenden a pedir por su cuenta que les sean devueltos sus juguetes. Pero las maestras todavía vigilan qué está sucediendo, de modo que “si vemos una situación de conflicto podemos estar allí para evitar que las manos vuelen”.

Construir aptitudes

Mediante experiencias de juego repetidas, más la preparación de parte de una buena maestra, las aptitudes sociales de los niños aumentan. Antes de que se desarrollasen las aptitudes de lenguaje de Nathan, Mehrian le enseñó el lenguaje de signos y sonidos simples como “beep, beep”. Ella le entrenaba: “¡Nathan, beep, beep! Vé con tu amigo”. Se necesita mucha constancia y repetición, así como terapia extra del habla, para ayudar a que Nathan aprenda a conducirse socialmente. Sin embargo, una evaluación reciente descubrió que sus aptitudes habían mejorado tanto que ya no se le considera dentro del espectro autista.


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