PDFs y Herramientas

“Olvídense de los hechos y recuerden la curiosidad”

Los maestros pueden usar la curiosidad natural de los niños para introducirlos en la investigación científica


Traducción al castellano: Lucrecia Miranda

Kyle, de cuatro años, está repleto de preguntas. “¿Por qué ahora llevas gafas?”, preguntó a la maestra Valentina Feldman del programa Holy Family Day de San Francisco. “¿Cómo es que las gafas te ayudan a ver mejor?”

Esa “curiosidad innata es el meollo de la ciencia”,  dice Kelly Twibell, coordinadora de preescolar en el Centro de Estudios del Niño y la Familia de UC Davis.

“Queremos animarles a preguntar por qué, por qué, por qué, incluso cuando estemos cansados de ello”, dice la directora Janet Thompson en UC Davis. “Ayudamos a los niños a aprender las herramientas de la investigación científica (observación, recopilación de datos, comparación, hacer predicciones y comprobarlas) y cultivar su curiosidad”.

Construir sobre la curiosidad de los niños

Las maestras del Centro Krieger de Cuidado Infantil y Educación Temprana de UCLA animan a los niños a hacer preguntas y reunir información sobre cosas en las que estén interesados, dice la maestra Christine Ramírez. “Los niños son muy curiosos respecto de ellos mismos y de sus familias”, de modo que los maestros promueven debates comparando las familias, qué tipo de casa tienen (o) quién cuida de los niños. “Queremos que sean conscientes de su entorno (y) que se sientan cómodos haciendo preguntas”, añade. En una salida escolar a la playa y al acuario los niños expandieron sus comparaciones sobre las familias; observaron que las ballenas pasaban mucho tiempo con sus crías igual que hacen los humanos, pero que algunos animales—como los cangrejos—no se preocupan de sus pequeños en absoluto.

En el Centro Krieger de UC Davis, explica Thomp-son, “nuestro trabajo es dejarnos conducir por el niño. Hacemos mucho, pero lo hacemos elaborando sobre su juego, usando preguntas, comentarios y observaciones. Los niños aprenden mucho más cuando exploran sus propias ideas”.

Preguntar: “¿Qué ves?”

Twibell recuerda, por ejemplo, una vez en que “Lyle”, de cuatro años, le dijo: “Estoy construyendo un barco”. “Dime más sobre cómo lo estás haciendo”, ofreció Twibell. Entonces el niño le mostró cómo doblaba el papel y lo grapaba. Twibell se dio cuenta de que había un defecto en su diseño: la base del barco era demasiado estrecha, por lo que probablemente no flotaría. En lugar de corregirle—o de darle una lección sobre física—dijo: “Yo también voy a hacer un barco”. Lo construyó en forma de balsa, con un base muy ancha, e invitó a Lyle a que probaran juntos sus respectivos barcos. Llenaron un recipiente con agua. Cuando colocaron sus barcos el de Lyle volcó, mientras que el de Twibell flotaba.

“Noté dos cosas diferentes”, dijo Twibell. “¿Qué viste tú?”. Lyle contestó: “El mío se cayó y el tuyo quedó en pie”. Entonces ella preguntó: “¿Por qué crees que ocurrió eso?”. Lyle respondió: “Porque el tuyo era plano”. “Sí”, reflexionó Twibell, “el mío tenía un gran fondo plano. Me pregunto si podríamos tomar tu idea y la mía y hacer un barco completamente nuevo”.  Lyle estuvo de acuerdo y pasó los siguientes veinticinco minutos construyendo un barco que flotase. “¡Estaba tan orgulloso de su trabajo!”, recuerda Twibell. Además, ella le había ayudado a “que considere reflexionar e investigar”.

Alentar la investigación

Cuando Ramírez empezó como maestra, cuenta, “ciencias no me resultaba un área cómoda; nunca me sentí segura enseñándola”. Pensaba en la ciencia como un conjunto de cosas que tenía que memorizar. Cuando comenzó a formar parte del personal del Centro (Krieger) de la UCLA aprendió a ver la ciencia como “aprendizaje a través de la investigación”.

Twibell aconseja a los maestros: “Olvídense de los hechos y recuerden la curiosidad. En vez de tomar la postura de que ‘yo soy el maestro’, bajen a su nivel [al nivel de los niños] y hagan las mismas preguntas que ellos se están haciendo. Realicen observaciones juntos. Ustedes les están ayudando a proveer lenguaje a lo que ellos están viendo y a que eso cobre sentido”.

Feldman se encuentra a gusto diciendo “no sé” en respuesta a las preguntas de los niños. Pero no se queda ahí, sino que agrega “vamos a verlo”, o “pregúntenle a sus papás esta noche”. Además, introduce nuevas experiencias. Después de las preguntas de Kyle sobre sus lentes ella les enseñó una lupa y exploraron lo que podían ver con ella.

Utilizar las oportunidades de cada día

Feldman integra conceptos de la ciencia en muchas actividades. “No es tan difícil de hacer”, dice; “es un estado de ánimo”. Los niños se dan cuenta de que las hojas de un árbol cambian de color y caen mientras que otras permanecen verdes, [o también] comparan las diferencias entre su propio cuerpo y el del resto de sus compañeros de clase’. Mientras cocinan, por ejemplo, Feldman charla con ellos sobre las proporciones de harina y agua.

“La ciencia puede tomar formas tan diferentes…”, dice Twibell. “Puede ser preguntarse cómo funcionan las cosas”. En una de las clases los niños querían saber cómo funcionan los teléfonos y se divirtieron desmontando teléfonos viejos y mirando los cables de adentro. A veces se trata de explorar el mundo natural: mirar gusanos y babosas debajo de las piedras, oler hierbas, hacer observaciones durante los paseos.

Proporcionar herramientas para la observación y construir el entorno para la investigación

[Tanto] si es un paseo por la naturaleza o una actividad en clase, Twibell dice que lo que “quieres es proporcionar las herramientas que ayudan a darle sentido a las observaciones”, tales como lupas, papel, papel cuadriculado, regla, pinzas, cuentagotas, recipientes, espejos [o] linternas. “No tiene que ser caro”. Por ejemplo, los niños tienen hojas de papel divididas en tres secciones para predicciones, observaciones y explicaciones. Ellos pueden anotar sus datos con dibujos, o con fotos usando la cámara digital de la directora. Estas herramientas, dice Twibell, dan a los niños el mensaje de que “tu investigación es importante”.

Ayudar a los niños a fijarse y a preguntar

Cuando alguno de los niños quería quedarse los gusanos que habían desenterrado, Twibell aprovechaba la oportunidad para hablarles sobre lo que los gusanos necesitan para sobrevivir. “Empecé por pedirle a los niños que pensaran dónde habían encontrado los gusanos. ‘¿A qué se parecen?  ¿Cómo lo percibes?’ Mi objetivo era atraer la atención hacia la tierra húmeda; los gusanos necesitan humedad para vivir. También les ayudé a pensar que el contenido de la tierra podía servirles como comida. Los niños hicieron varias conjeturas y usamos un libro para aprender más”.

A través de esta experiencia, dice Twibell, “me gustaría pensar que aprendieron sobre organismos vivos y lo que éstos necesitan para sobrevivir: comida, refugio y agua. Mientras animábamos a los niños a devolver los gusanos a sus casas, también hablábamos sobre por qué nuestros jardines necesitan gusanos, orientándolos hacia una perspectiva ecológica”.


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