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¿No puedes sentarte quieto y prestar atención?

Los niños con trastorno de déficit de la atención e hiperactividad pueden aprender a controlar sus impulsos, pero necesitan un apoyo especial.


Traducción al castellano: Lucrecia Miranda

Necesitábamos alguien que nos ayudara!”, exclamó la maestra Martha Hernández mientras recordaba uno de los años más duros que había tenido enseñando en la escuela City Terrace de Los Ángeles. La veterana maestra de quince años de profesión y su compañera en el aula estaban desbordadas por la clase de Head Start de ese año. Además de dos niños con graves problemas de salud mental (esquizofrenia y autismo severo), otros dos, “Nick” y “Manuel”, habían sido diagnosticados ese año con ADD (trastorno de déficit de la atención, del inglés attention deficit disorder) o ADHD (trastorno de déficit de la atención e hiperactividad, del inglés attention deficit and hyperactivity disorder).

Al principio, Nick no paraba de moverse continuamente durante las actividades en círculo. Manuel, por su parte, no podía mantener su atención en nada, ni siquiera en su bocadillo. Revoloteaba de una actividad a otra y jamás se quedaba quieto en su lugar para jugar. Ninguno de los dos niños podía concentrarse en un cuento el tiempo suficiente como para responder a preguntas simples sobre lo que pasaba [en el argumento del cuento]. En el tiempo de recreo creaban caos agarrando los juguetes de otros niños o infringiendo las normas de seguridad. Antes de que obtuvieran apoyo externo a través de su agencia matriz—PACE Head Start de Los Ángeles (las iniciales de PACE, Análisis de Políticas de Educación para California, provienen del inglés Policy Analisys for California Education)—Hernández cuenta que ella y su colega “lloraban como niñas pequeñas” después de cada clase.

Hernández primero llamó a la coordinadora de salud mental de PACE Los Ángeles, quien observó la clase y concordó en que esos niños—y sus maestras—necesitaban ayuda extra.

Esfuerzo de equipo

El Consultorio de Asesoramiento Infantil de Los Ángeles (LACGC, del inglés Los Angeles Child Guidance Clinic), con una subvención de Los Primeros Cinco, envió un equipo de salud mental formado por dos personas. Tras una valoración en clase y visitas a domicilio, el equipo de LACGC se sentó con Hernández, la otra maestra y los padres para definir un plan de actuación. “Es un esfuerzo de equipo”, dice Sara Morales, intervencionista de LACGC especializada en comportamiento. “Es mejor si los padres están en sintonía [con nosotros, así] el niño tiene más posibilidades de [solventar la situación con] éxito”.

A veces resultaba difícil para los padres. Hernández recuerda cuando uno de los niños se quejó a su madre porque ese día no había obtenido una pegatina. Al principio la madre estaba del lado del niño, pero después Hernández le explicó la situación y le pidió apoyo “para ayudar a su hijo”. Con el paso del tiempo la madre llegó a apreciar y a apoyar la propuesta de las maestras, escribiendo a Hernández más tarde una “hermosa carta” como muestra de agradecimiento.

Oportunidades para moverse

Con niños muy activos, dice Jocelyn Tucker—profesora de gestión del comportamiento en la Universidad de California en Riverside—“tenemos que darnos cuenta de que ellos tienen que (no que les gusta) correr, saltar [y] moverse”, y que necesitan “música, baile [y] montones de actividad física: ir a la pata coja, saltar, correr…” También, indica, a los niños les encanta ayudar: “A los niños que tienen una reserva de energía para quemar démosles trabajos entretenidos, de modo que esa energía salga fuera”, como por ejemplo mover libros pesados de una parte de la habitación a otra.

Ayuda para concentrarse

Las maestras de PACE LA Head Start intentaron diversas formas de ayudar a cada uno de los niños a concentrarse. Identificaron los puntos fuertes e intereses de cada uno de ellos, de modo que pudieran ofrecerles actividades sobre las que quisieran concentrarse. El equipo observó que a Manuel le gustaban los animales de granja. Por tanto, Hernández trabajó con él de forma individual en actividades tales como pintar dibujos de vacas, mientras otras maestras trabajaban con el resto de los niños. A medida que Manuel mejoraba su concentración en las actividades que le gustaban, Hernández le animaba a invitar a los otros niños para que le ayuden.

Ayudar para quedarse sentado en su sitio

“Para muchos de nuestros niños que tienen hiperactividad, hay algo que simplemente no les sienta bien al estar sentados sin [poder] moverse”, dice la Dra. Jamie Candelaria-Greene, terapeuta educacional en Alameda. “Levantarse, contonear un pie, tocar cosas, moverse … Eso tranquiliza a un niño con ADHD. Estan buscando estímulos externos para llegar a tener esa simple sensación de ‘[ahora sí] está bien, me siento bien’”.

Morales a menudo da a los niños como Nick o Manuel una bola flexible para estrujar y apretar durante las actividades en círculo. “La bola le da al niño la sensación que necesita”, dice. “También calma y ayuda al niño a concentrarse”.

Paso a paso

Hernández se frustraba porque Manuel y Nick no podían seguir sus indicaciones. A poco de enseñar a la clase cómo hacer un collage, los demás niños se ponían manos a la obra, pero Manuel y Nick no podían recordar cómo empezar. Cuando los niños no pueden sostener la atención por mucho tiempo, Morales aconseja a maestros y padres que limiten el número de palabras que usan; en caso contrario el niño puede estar mentalmente “ausente” antes de que uno llegue a la mitad de la frase. “Diga cosas como ‘sígueme’, y espere a estar seguro de que el niño en efecto haga lo que ha de hacer antes de continuar con el siguiente paso”. Luego, en el caso de los dos niños, las maestras desglosaron los proyectos en pasos. Cuando la clase hacía un arco iris, las maestras daban indicaciones para cada color. Cuando Nick quiso hacer una caja de cartulina, Hernández se sentó con él y le indicó un paso a la vez. “Se sentía tan orgulloso que empezó a hacer cajas para todos sus compañeros”.

Recompensar el comportamiento impulsivo

Para dar reconocimiento y alentar a los niños a controlar su comportamiento impulsivo, Morales y Hernández montaron una tabla gráfica de pegatinas. Si Nick compartía durante el recreo obtenía una pegatina con una cara sonriente; si Manuel alcanzaba el objetivo de sentarse quieto durante cinco minutos, [también] conseguía una pegatina. Morales, que emplea refuerzos [pedagógicos] positivos y negativos, dice: “Las consecuencias negativas no deberían constituir un castigo; no le diga al niño que no puede salir al recreo a jugar (porque los niños necesitan salir fuera), sino tal vez: ‘no alcanzaste tu objetivo, por lo que no podrás pasar tiempo en la computadora el viernes’”.

Pasaron muchos meses de trabajo antes de que el equipo viera cambios reales en la clase, pero el año que empezó tan mal finalizó muchísimo mejor. “La cooperación del grupo hizo que los niños salieran adelante”, dice Hernández. “Acabamos el año ayudando a todos esos niños”.



¿Cómo saber si es ADD/ADHD?

No todos los niños pequeños que tienen problemas para estarse quietos o prestar atención tienen ADD/ADHD. La doctora Candelaria-Greene recomienda a familias y maestros que exploren otras posibles razones para este tipo de comportamiento, como por ejemplo:

  • Factores físicos: alergias a comidas, enfermedades como hipertiroidismo y diabetes o hipersensibilidad al tacto, sonido, luces, etc.
  • Factores emocionales: depresión, ansiedad o estrés familiar causados por divorcio, muerte o problemas de vivienda.

Para diagnosticar ADD/ADHD en niños pequeños, dice la doctora Candelaria-Greene, una persona experimentada necesita observar al niño en diferentes ambientes. ¡No se puede hacer un buen diagnóstico en una sola visita!


Recursos sobre ADHD


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