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"Lo más importante que enseñamos"

Maneras positivas de manejar los problemas cotidianos de conducta en los programas de infancia temprana


Traducción al castellano: Lucrecia Miranda

Ya es mi turno?”, preguntó Adam (los nombres de los niños son ficticios), que quería jugar en la computadora. El niño nuevo simplemente sonrió, y entonces Adam le quitó el ratón de la mano a Johnny. La maestra de Kidango María Paquiz intervino: “¿Le preguntaste a Johnny?”, preguntó. “¿Por qué piensas que se ha quedado con esa cara?” Adam miró: “Parece triste”.

“Tal vez si le dices a Johnny, en español, que quieres un turno, él pueda entenderlo”, sugirió Paquiz. Cuándo Adam preguntó en español, Johnny sonrió: “¡Sí, sí!”

Las conductas problemáticas de todos los días, como agarrar, golpear y negarse a cooperar, ofrecen “instancias educativas” para hablar con los niños sobre comportamiento apropriada, dice Kathryn Ingrum, directora del Centro de Desarrollo Infantil de Grossmont College. “Si la conducta hace daño—por ejemplo, golpear—primero has de poner fin a ese comportamiento para que los niños estén seguros”, dice Jocelyn Tucker, consultora de infancia temprana en el área de Los Ángeles. “Luego, una vez se haya reducido la tensión, hablas de por qué aquello no estuvo bien”.

La capacidad de manejar los sentimientos y relacionarse con los demás “es lo más importante que enseñamos”, dice Ellen Richter, directora del Centro Comunitario Louden Nelson en Santa Cruz.

Buscar el motivo

Cuando los niños se portan mal “intentamos averiguar que sucedió”, dice Amy Jones, directora de centro en Kidango, un programa de cuidado infantil del área de la Bahía de San Francisco. “Hay una razón. Vale más que ir directo y decir: ‘¡Para ya!’”

Con los más pequeños, Jones generalmente “sigue de cerca a un niño y averigua (por ejemplo) qué es lo que está provocando que ese niño muerda”. ¿Alguien le quitó su pelota? Con niños más grandes, que son más parlanchines, Jones hace preguntas y escucha. “Reconocemos que el niño está frustrado y enfadado” y le enseñamos otras respuestas, como decir: “¡No!”

Póngase a nivel, acérquese

Cuando vió a Brandon quitando los juguetes a sus amigos, Gail Gomes, maestra auxiliar en el preescolar His Growing Grove en Castro Valley, le regañó desde el otro lado de la sala. Él la ignoró. Entonces la maestra mentora de Gomes sugirió que “fuese hacia él y se agachase [hasta colocarse] al nivel de sus ojos. Debía hablarle en un tono de voz tranquilo—no enfadada o molesta—para que supiera que estaba hablándole a él. Ella me dijo que tuviera paciencia y que le permitiera explicar lo que había sucedido”. Después de unos pocos meses, dice Gomes, el niño cooperaba de manera consistente.

“Tiempo fuera” o no

Si los maestros aplican el “tiempo fuera”, aconseja Tucker, no debiera ser un castigo sino una forma en la que los niños—y maestros—“se sienten y procuren respirar más tranquilos”.

El problema con el castigo, según Richter, es que “no creo que el niño esté aprendiendo y puede dejarlo resentido”.

Por el contrario, dice Jones, cuando surgen los problemas nosotros “‘redirigimos [la situación] y hablamos de sentimientos”.

Redirigir/ofrecer alternativas

Kidango pone énfasis en la “redirección”, o sea, la respuesta a los problemas de conducta encontrando una alternativa positiva. Hace poco, en la mesa de agua, una niña estaba arrojando agua en la cara a otra. La niña protestó: “¡Para, eso no me gusta!” Paquiz dijo: “Dejemos el agua en la mesa”. Luego ocurrió otra vez; entonces, Paquiz redirigió a la niña que tiraba agua diciéndole: “Creo que ahora es tiempo de jugar con la crema de afeitar”. Puso fin a la primera conducta pero proveyó una actividad para substituirla.

Tucker sugiere redirigir pidiendo ayuda: “¿Puedes ayudarme a preparar el aperitivo?”

Si un niño le hace daño a otro, dice Richter, usted puede hacer que el niño que estuvo pegando o arañando le ayude a ocuparse del niño a quien le pegó, buscando hielo para un chichón, por ejemplo. Ofrece a los niños una manera de rectificar. Luego, cuando los dos niños se han calmado, habla con ellos sobre lo sucedido. Generalmente, dice Richter, “quien hizo el arañazo se siente muy apenado y los niños terminan abrazándose”.

Comprensión y apoyo

El año pasado, un proveedor familiar de cuidado de niños del área de la Bahía de San Francisco tenía dificultades con un pequeño que lloraba y tiraba cosas cuando se sentía frustrado. Después de hablar con su mentora Minerva Pérez, la proveedora respondió a la próxima explosión del niño preguntándole: “¿Cómo te sientes?”

“Triste, porque el Lego no entra”, dijo el pequeño. “Vamos a ver si podemos encontrar una manera”, dijo la proveedora: “Yo voy a ayudar”. La maestra reportó a Pérez: “Necesitaba ese apoyo. Al poco tiempo estaba bien”.

Sacar al niño del entorno y calmarlo

¿Qué hace con los niños que “pierden los estribos” hasta el punto en que no pueden hablar? Ingrum describe “una pequeña que tiene rabietas. Se tira al suelo, patea sillas y quiere agarrar las piernas de la gente”.

Tras discutir el caso, el personal decidió que cuando la niña tenía una berrinche uno de los maestros la llevaría afuera y se sentaría con ella hasta que se calmara, y luego hablarían. Ingrum vio que el año pasado ese enfoque funcionó cuando “una niña con muchas conductas similares” al final dejó de tener rabietas.

Diríjase a los padres con respeto

Donna Rafanello, del City College de Long Beach, recuerda su trabajo con William, que “gritaba y corría por todos lados”. No podía relacionarse con la gente; se escapaba cuando se le acercaban. Era casi imposible entender lo que decía. Cuando Rafanello discutió el comportamiento de William con su madre, ésta “se puso a la defensiva y dijo que yo no podía entender lo que ella estaba pasando”.

De golpe el personal supo que la mamá de William había dado a luz a una niña prematura: “¡Ni siquiera sabíamos que estaba embarazada!” Cuando la niña tuvo seis semanas y se inscribió en un programa para infantes la mamá de William aprobó que el niño fuera sometido a una audiometría, la cual permitió comprobar que el niño sufría una grave pérdida de audición.

La conclusión de Rafanello: “No debemos juzgar a las familias con las que trabajamos. Nosotros realmente no sabíamos todo lo que ella [la madre de William] estaba atravesando! Era mi papel asistir a los padres para que busquen ayuda para sus niños, pero era su derecho mantener el control del proceso”.

Pida ayuda

“Hemos tenido niños que están fuera del control del maestro”, dice Richter. Recuerda un niño de cuatro años que empujaba y hacía daño a los otros niños. No sabía cómo jugar con otros y “sus palabras estaban llenas de malas palabras y referencias a la violencia”

Durante varios meses Richter y el personal intentaron enfoques diferentes, sin éxito alguno. Finalmente los padres y el personal acordaron que el niño fuera sometido a una evaluación del departamento de educación especial del Distrito Escolar de Santa Cruz. Al final el niño fue asignado a una clase de jornada especial.


Recursos

  • Positive Child Guidance (“Orientación infantil positiva”, en inglés), por Darla Ferris-Miller.

  • Center on the Social and Emotional Foundations of Early Learning (Centro sobre las bases sociales y emocionales del aprendizaje temprano), 615-322-8150, o en la web: www.vanderbilt.edu/csefel. Puede encontrar una gran cantidad de materiales gratuitos que tratan el tema en profundidad, algunos disponibles en español.

  • Educational Productions (Producciones Educativas): 800-950-4949. En su sitio web www.edpro.com puede consultar vídeos a la venta (algunos disponibles en español).

  • Positive Discipline Association (Asociación para la Disciplina Positiva): 866-767-3472.
    Ofrece artículos y talleres, algunos disponibles en español.

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