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Encontrando preescolar en Estados Unidos

Familias inmigrantes enfrentan varias barreras para inscribir a sus niños en programas educativos


Traducción al castellano: Lucrecia Miranda

Es difícil encontrar un lugar con el que te sientas cómodo para dejar a tus hijos!”, dice Willow Lancaster, de San Francisco. Lancaster, como muchos otros inmigrantes, buscaba un lugar donde sus hijos estuvieran seguros y pudieran continuar hablando tanto español como inglés. Además, tenía que poder costearlo y estar cerca de casa.

Si bien los padres saben que un preescolar de calidad puede ayudar al logro de sus niños, muchos de ellos tienen dificultades para encontrar programas adecuados para su familia. Para los niños inmigrantes—en la actualidad la mitad de los niños de California —existen desafíos adicionales.

“Algunas familias no se sienten cómodas llevando a sus hijos a un centro”, dice la investigadora de UC Berkeley Margaret Bridges. “Pueden sentirse más cómodos si los dejan con un familiar. Esto realmente varía: a algunas familias les inquieta la preparación ( del niño) para la escuela, (o) les preocupa especialmente el aprendizaje de inglés. Otros buscan un ambiente con el que se sientan cómodos, que tenga respeto por los valores de los padres y personal que hable su idioma”.

Estos padres afrontan varios desafíos, entre los que se cuentan:

Coste: “el preescolar es un lujo para la comunidad de refugiados e inmigrantes”, explica My Linh Pham, directora de la Fundación Voluntaria Vietnamita (VIVO) de San José. Los “padres son conscientes de que deben inscribir a sus niños en el preescolar. Pero cuando trabajas en un restaurante de 10 a 12 horas por día por 50 dólares diarios no puedes pagar un preescolar”. El costo de preescolar con licencia en su condado es de casi 200 dólares por semana, según la Red de Recursos y Referencias sobre Cuidado de Niños.

Falta de espacio: Lancaster recuerda lo frustrante de su búsqueda: “Miré casas de familia (e) intenté en varios centros, pero en la mayoría había listas de espera”. Según un informe de Fight Crime Invest in Kids California (Luche contra el Crimen: Invierta en los Niños), el 76% de los programas preescolares con financiamiento público reportan listas de espera de más de 50.000 niños en todo el estado.

Requisitos del programa: “El problema más común”, dice Mónica Andrade, de East Oakland, “¡es que tienes que ser demasiado pobre para estar en Head Start!” Cuando su marido consiguió un nuevo trabajo, la familia dejó de calificar para el programa.

El proceso de solicitud en sí mismo también puede ser una barrera. Para inscribir a su hijo en el preescolar, dice Claudia González—una madre de Oakland—”fui a la escuela y llené montones de papeles. Luego me enviaron al distrito. Dijeron que me faltaban unos papeles, así que tuve que volver de nuevo a la escuela. Para ese entonces ya no quedaba espacio”.

Horario: Muchos programas preescolares ofrecen servicios de media jornada, pero la mayoría de los padres inmigrantes trabajan, dice María Luz Torre, promotora comunitaria en Parent Voices de San Francisco. Los padres “prefieren (un programa) en el que no tengas que ir a buscar a tu hijo a mitad del día”.

“Es difícil tener que ir a la escuela y trabajar”, agrega Andrade, “porque los programas no tienen la capacidad de cuidar de tus niños todo el tiempo que tú necesitas”.

“¡Yo tuve suerte!”, dice Lancaster, quien encontró plaza en un programa que va a buscar a su hijo después de la escuela.

Estatus inmigratorio: “En los preescolares y centros de cuidado de niños financiados por el estado no miramos el estatus inmigratorio de los padres o el de los niños”, dice Nancy Remley, administradora en el Departamento de Educación de California. Lo mismo es cierto para Head Start. Con todo y con frecuencia, los padres indocumentados son renuentes a poner sus nombres en las listas de espera, dice Janet Zamudio, consejera de Bananas, una agencia de recursos y referencias para el cuidado de niños en Oakland. En cuanto a los programas financiados por CalWORKs, éstos sí exigen el número de Seguridad Social de los padres.

Diferencias culturales: En las familias inmigrantes que atiende Family Connections en San Fran-cisco, dice su directora Maryann Fleming, muchos abuelos cuidan de los niños a tiempo completo, por lo que pueden sentirse “desprovistos de su contribución a la familia” cuando los niños ingresan en el preescolar.

Padres y educadores a su vez pueden sostener visiones diferentes sobre el preescolar. Muchas familias, dice Fleming, se sienten decepcionadas porque los niños juegan en vez de trabajar en el aprendizaje, mientras que los educadores expertos en infancia temprana sostienen que los niños aprenden mejor a través del juego.

Barreras linguísticas: Aunque muchos programas cuentan con personal que habla otros idiomas, dice Zamudio, “a muchos inmigrantes que no hablan (inglés) les da terror tener que hacer esa llamada” buscando un preescolar.


El preescolar se somete a votación

Una medida sometida a votación el próximo junio proveería acceso gratuito a eudacación preescolar de alta calidad para todos los niños de cuatro años en California, el cual se financiaría mediante un aumento en el impuesto a la renta de las personas con ingresos de más de 400.000 dólares anuales.

¿Incluirán los programas preescolares las lenguas y culturas de los inmigrantes? Ello depende de las secretarías de educación de los condados, quienes estarán a cargo de crear dichos programas. La iniciativa prevé que los maestros de preescolar han de contar con formación que les habilite para cubrir las necesidades de los niños que están aprendiendo inglés, pero no explicita cómo. Quienes estén interesados en colaborar para determinar qué características habrían de asumir los programas preescolares pueden participar en el proceso puesto en vigor en cada condado para la creación de éstos. Todos los condados han de contar con un “defensor de los padres” cuya función es representar la opinión de estos últimos.


Estrategias que funcionan

Llevarlo a casa: En el programa El Concilio de Stockton trabajadores comunitarios hacen visitas a domicilio en una comunidad agrícola con mayoría inmigrante de habla hispana. “Los primeros maestros están en casa”, dice la trabajadora social Maricarmen Rodríguez, que ayuda a madres y abuelas a trabajar con los niños para la adquisición de herramientas de lenguaje y aprendizaje en su lengua natal. “Y los alentamos a que lleven los niños al preescolar”.

Ampliar el preescolar: El Preescolar Universal de Los Ángeles—un programa del condado cuya meta es ofrecer preescolar de gran calidad a todos los niños de cuatro años—ya está financiando 4.500 nuevas plazas y sus honorarios de bajo coste son “sustancialmente inferiores a los que los padres pagarían por un preescolar” en otro sitio, dice Peter Shakow de LAUP.

Llegar a los inmigrantes: “Los padres desean que se les hable en su primera lengua”, dice Carolina Álvarez, directora de servicios especiales en LAUP. Las tareas de promoción comunitaria de LAUP se hacen en muchos idiomas y en distintos ámbitos, tales como ferias de salud, escuelas, programas de cuidado de niños y otros sitios dentro de la comunidad. El personal de Bananas habla inglés, español, cantonés, mandarín, vietnamita, amárico, tigrina y mien.

Incluir distintas culturas: LAUP enfatiza la “competencia cultural” y costea materiales para el aula que reflejen las varias culturas de los niños. “Cuando el niño ve a alguien con quien puede identificarse (en los libros)”, dice Shakow, “quieren aprender y disfrutan aprendiendo”.

En Family Connections, dice Fleming, el personal lleva a cabo una orientación en la cual llevan a las familias por distintas áreas del aula y en la que se les explica cómo los niños aprenden jugando en cada una de ellas.


Para aprender más

  • Mexican American Legal Defense and Education Fund (Fondo Mexicoamericano para la Defensa Legal y la Educación, MALDEF): Melina Chávez, 213-629-2512; www.maldef.org
  • Consejo Nacional de La Raza: Antonia López, 916-448-9852; www.nclr.org

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