PDFs y Herramientas

El aula como elemento de apoyo

Las aulas para el cuidado y la educación de los niños en los primeros años pueden ayudarles a desarrollar herramientas sociales, inteligencia emocional y confianza en sí mismos


Traducción al castellano: Lucrecia Miranda

El mensaje enviado por los trabajos de investigación es claro: Las relaciones positivas con adultos y otros niños son fundamentales para el desarrollo de los niños pequeños. ¿Pero qué significa esto en términos de lo que los adultos pueden hacer en el entorno real de la educación y la atención infantil para los primeros años? Maestros de preescolar y expertos comparten algunos consejos:

Crear un sentido de pertenencia

Los niños han de ser incluidos tanto como sea posible, dice Laurie Prusso, maestra especializada en desarrollo infantil en el Junior College de Modesto. “Pida su opinión y déles tareas constructivas. Actividades tales como contar platos o utensilios para el almuerzo son una manera de practicar elementos de matemática y de darle a los niños un sentido de pertenencia”.

Margaret Lewis, maestra en el Tenderloin Child Care Center de San Francisco, dice que actividades simples tales como jugar a “Ring-Around the Rosy” y cantar juntos también promueven un sentido de pertenencia.

Crear un entorno positivo

“Construya un entorno acogedor para el niño, lleno de opciones que impliquen ‘sí’ y pocos ‘no,’” dice Katie Zolezzi, directora de Early Head Start en Pacific Beach. “Si algo es un ‘no’”, sugiere, “¡sáquelo del entorno o enciérrelo con llave!”

Construir relaciones sólidas

“El éxito proviene de la solidez de las relaciones con el niño”, dice Lewis. “Nada puede conseguirse a menos que el niño sienta que tiene dónde apoyarse. Y a través de esta relación el comportamiento puede cambiar poco a poco”. (Vea "La historia de Kevin").

Crear espacios para pasar tiempo en privado

Nefertiti Bruce, especialista infantil en los primeros años de la Fundación Devereux, dice que es importante contar con algún lugar en el que los niños puedan retirarse del grupo cuando se sientan cansados o agobiados emocionalmente, como por ejemplo, un par de sacos rellenos para sentarse en una esquina. “Cuando parezca que un niño está a punto de perder el control los maestros deberían sugerirle que use uno de esos espacios en los que pueda estar solo”, dice Bruce.

Servir de modelo: comportamiento apropiado y herramientas sociales

“En vez de enseñarle a los niños a obedecer sin más, podemos enseñarles a usar autocontrol y autoestima poniéndonos a nosotros mismos como ejemplo”, dice la educadora infantil Dawn Fry. Hablando de su preescolar, dice Goldstone: “Realmente pienso que el respeto que nosotros (la plantilla del preescolar) nos mostramos unos a otros fue el mejor modelo que los niños pudieron haber tenido. (Y) tratamos a los niños con respeto, usando ‘por favor’ y ‘gracias’ con ellos de forma intencional”.

Saque partido de los “momentos educativos”

En vez de castigar o aislar a un niño en el aula, los cuidadores de niños pueden utilizar un incidente de mal comportamiento como oportunidad para hablar con él sobre mejores maneras de manejar estas situaciones en el futuro, dice Zolezzi. Estar allí “mientras el niño reflexiona por qué está allí sentado aparte de los demás” es un buen momento para que los adultos enseñen lo que es un buen comportamiento.

“Si se tratara de un caso en el que se destruyera la construcción de algún otro niño en el área de bloques”, dice Goldstone, “hablaría sobre cuánto trabajo el otro niño había puesto en ello”. Le pediría al niño en cuestión que mire la cara del otro niño y hablaríamos sobre qué se siente. Luego sugeriría que construyamos un edificio (juntos)”.

Enseñe palabras para explicar emociones

En la pared de su aula Lewis tiene un póster mostrando fotos de niños cuyas expresiones faciales reflejan distintas emociones. “Le hablamos a los niños sobre cómo se están sintiendo los niños del póster. Llevamos un niño hasta el póster y le preguntamos ‘¿qué clase de cara está poniendo? Parece triste, ¿no?’” Eso les ayuda a identificar sus propias emociones, dice Lewis.

Enseñe herramientas para la resolución de conflictos

Bruce sugiere crear una “mesa de emociones” a través de la cual se alienta a los niños a resolver sus propios conflictos hablando sobre lo que sienten. “Los maestros pueden presentar algún proceso simple sobre cómo resolver problemas durante la hora de trabajo en grupo, explicando que cuando tienen un conflicto con un compañero de aula pueden venir a la mesa de las emociones para hablar de ello”, dice.

Bruce describe una vez en la que dos niños que estaban discutiendo le pidieron que resuelva su disputa. En cambio, dice “les sugerí a ambos que vayan a la mesa de las emociones y les dije que tenía la más absoluta confianza de que iban a poder resolverlo por ellos mismos. Después de dos o tres minutos, los niños gritaban ‘Señorita Bruce, Señorita Bruce, ¡ya somos amigos de nuevo!’ Tenían dos de las sonrisas más grandes y orgullosas que había visto en mucho tiempo”.

Entienda los estadios de desarrollo de los primeros años

Es importante para padres y maestros recordar que “mucho de lo que llamamos mal comportamiento es en realidad comportamiento relativo a la edad, el cual pasará con el cuidado de los adultos respondiendo con atención y afecto”, dice Prusso.

En niños muy pequeños, incluso un comportamiento inaceptable como morder “no es causa de alarma”, dice Zolezzi, “y es una oportunidad para discutir ‘toques suaves’ y darle al pequeño palabras para usar en el futuro: ‘Dile a Paul que no te gusta que use tu camión’”.

Para obtener más información:

  • Center on the Social and Emotional Foundations for Early Learning (un centro especializado en temas del desarrollo social y emocional en las primeras fases de aprendizaje infantil), 877-275-3227, www.csefel.uiuc.edu
  • Center for Social and Emotional Education (Centro para la Educación Social y Emocional), 212-707-8799, http://www.csee.net/
     

La historia de Kevin

La primer semana que Kevin, de tres años y medio, fue al preescolar, le pegó a otros niños por lo menos cinco veces, por lo que los maestros se reunieron para concebir un plan. Podían ver que Kevin quería jugar con los otros niños; simplemente no sabía cómo empezar. Necesitaba aprender herramientas para conectar con otros niños.

Trabajaron para enseñarle esas herramientas durante las rondas en grupo, usando cuentos con títeres que permitían a los niños turnarse para entrar en el juego de modo apropiado. Asimismo, hicieron comentarios positivos para Kevin sobre herramientas que ya tenía, tal como colocar sus cosas en el cubículo.

También decidieron que una de las maestras, Sara, establecería una relación cercana y especial con Kevin. Ésta pasaba mucho tiempo yendo adonde fuera Kevin, hablando con él y sentándose con él a la hora de comer y a la hora de la siesta. También le explicó cómo entrar en juegos grupales.

Por ejemplo, si se aproximaba a un grupo de niños jugando, Sara se acercaba y ayudaba a Kevin a encontrar palabras. Podía preguntar, ¿”Kevin, qué es lo que quieres hacer”? Cuando Kevin decía “jugar con los bloques”, la maestra decía a los otros: “Kevin quiere jugar a los bloques contigo”.

Su relación con Sara le hacía sentirse seguro, por lo que tenía más confianza para acercarse a otros niños. ¡En unas tres semanas el pegar había desaparecido por completo! Sara pudo empezar a poner su atención en otro sitio, pero cada vez que Kevin necesitaba ayuda o aliento se acercaba a ella, y ella trataba de estar siempre a su disposición.

(De una historia contada por Laurie Prusso)


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